domingo, 16 de enero de 2011

Nueva ausencia

Llevo dos noches durmiendo en tu cama. En la oscuridad, las horas del desvelo son más largas que las del sueño, un desvelo poblado por el recuerdo de las voces en eco que corrieron por estos pasillos y habitaciones. Han pasado tres meses desde tu partida definitiva, ahora quedo yo, última habitante de la gran casa, a dormir en tu generoso lecho.

La luz amarilla de la farola en la calle engaña al amanecer que demora su llegada.
En la penumbra se perfilan las violetas que he colocado en la mesilla delante de la ventana, junto al pequeño sillón de satén azul, donde yo me sentaba a conversar contigo, durante el largo tiempo en que estuviste postrada.

Las paredes aún desprenden el olor de la pintura fresca que se mezcla con el de la cera de los muebles y el perfume de las violetas recién cortadas.
Dejo la mirada fija en la imagen perdida de las venas azulosas sobre tus delgadas manos que como un aleteo, se agitaban temblorosas cuando hablabas...