jueves, 10 de diciembre de 2009

Como todas las mañanas


Como todas las mañanas,

cruzo a pie el puente de Monteolivete.

El sol empieza a asomar, puntual a su cita,

por detrás del cetáceo adormecido,

clareando los contornos de los árboles

que ahora adornan el antiguo cauce.

El cielo se va pintando con los colores del nuevo día.


La mañana es fresca y húmeda.

Pocos transeúntes y algunos coches cruzan el puente

deslizándose por sus sinuosas curvas,

bajo las fauces abiertas de la monumental arquitectura.
El día transcurre veloz entre las frías caderas

lamidas por el agua azul y cristalina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario