jueves, 3 de diciembre de 2009

Regreso a Naxos

V - Carlo

Dura es la lucha contra el deseo,
pues lo que quiere lo coge a caro precio.
Eraclito



Algunas tardes, Eneida subía a la terraza donde se quedaba hasta el anochecer, pensando y recordando, acompañada sólo por los robustos y floridos cactus y por el perfume del exuberante jazmín que abrazaba gran parte de la veranda.
El azul punzante de la tarde, atravesado por la blanca, intensa luz del sol aún en lo alto y por el fresco soplo de la tramontana, evocaban en Eneida recuerdos de pureza, de un tiempo genuino y gentil, quando tendiendo el rostro hacia el cielo, sentía fresco e imperecedero, el primer hálito del amor. Volvía con la memoria a aquella espera impaciente, al trascurrir de los días envueltos en fantasías pueriles en las que la felicidad está próxima pero invisible, intangible y perfumada.

Había conocido a Carlo en España hacia el final de los años setenta y enseguida lo había amado. Lo había esperado durante largo tiempo y por fin lo había encontrado. Las fantasías de amor y felicidad se presentaban ante ella, en esta figura alta, morena y gentil, che siempre sonreía y la amaba con la mirada. Lo tenía todo de él, su pasión, su dulzura incondicionada che la envolvían y la mimaban, su cuerpo cálido y potente en el que batía, fuerte como un tambor, su corazón enamorado.

Durante dos años planificó con él su proyecto de unión. Él vivía en Italia pero viajaba a menudo y pronto tendría que marchar a Estados Unidos durante más de dos años para proseguir su carrera. Ella iba a continuar allí sus estudios, se iban a casar y luego se irían a vivir a Italia donde habrían comprado una gran casa con jardin y habrían tenido hijos.

Eneida esperaba llamadas de teléfono, abría con el corazón desbordado e impaciente las cartas que él le mandaba, escribía la intensidad de su amor en diarios, cartas, canciones y pensamientos que discurrían al galope.

Tuvo que enfrentarse a su familia, sobre todo a su padre César, el cual desaprobaba categóricamente su relación insólita, y se apelaba a su joven edad, momento demasiado prematuro para comprometerse con cualquiera.

Un día, mientras comían en un conocido restaurant de Madrid, César le repitió su consueto sermón:
- No hipoteques tu juventud, sería mejor si salieses con diez en vez de uno sólo!

Para César, artista excéntrico y anticonformista, la idea de novio tenía un retrogusto de convencionalismo burgués, que mal encajaba en el ambiente intelectual y liberal en el que Eneida habia crecido.

En aquel tiempo se repitieron las discusiones y las peleas. Por un lado Eneida estaba cada vez más decidida y fuerte en su convicción, ya que se sentía empujada por el profundo amor que nutría por Carlo, y por el otro, su padre, era siempre más consciente que su niña estaba lista para tomar un vuelo sin paracaídas que la habría llevado lejos de él, donde no habría podido protegerla.

Durante aquellos dos años y no obstante los desacuerdos con su padre, que se volvían cada vez más ásperos y amenazadores a medida que se acercaba el momento de su partida, Eneida dedicó toda su fuerza y aliento al fin de estar con Carlo, hasta que una fresca mañana de junio tomó un avión y lo alcanzó mas allá del océano, dejándose atrás los afectos de su infancia y juventud, a la familia, a los primos, a los amigos, el futuro que ya no habría tenido lugar allí. Tenía veinte años.



Han transcurrido muchos años tras los primeros dolores, las primeras heridas convertidas en profundas y dolorosísimas llagas. ¿Cuándo tuvo la primera desilusión, el primer engaño? Tenían poco más de veinte años y su vida estaba colmada por su amor recíproco, por sus proyectos comunes.

Era el principio de los años ochenta. América hospedaba sus sueños, los sigilaba mientras recorrían en coche sus infinitas extensiones y visitaban sus deslumbrantes ciudades.
Pero ya entonces Eneida tuvo prueba de engaños y menzoñas que ciega o erróneamente atribuyó a la joven edad de su adorado esposo.

La primera vez que le rompió el corazón, él se demostró mortificado y al verla tan decidida a dejarlo, le rogó de rodillas:
- ¡No te haré más daño, te ruego, no te vayas, ha sido un error mío!

Eneida lloró sus primeras lágrimas, sin saber aún cúantos amargos y abrasadores ríos habría de derramar.

La vez siguiente, Carlo no explicó sus razones ni se mortificó ante la petición de garantías que ella le hizo y dijo:
- No puedo darte garantías.

Tuvieron que transcurrir muchos años e innumerables desilusiones antes de que Eneida empezase a darse cuenta de que tal vez Carlo ya no la quería o como comprendió más tarde, nunca la había querido realmente. No sólo las primeras, comunes e inexplicables traiciones debieron abrirle los ojos a todo el dolor che podía esperar, sino también los comportamientos cotidianos en los que se percibía una cierta perversidad.

Eneida se dedicó en cuerpo y alma durante casi veinte años en adaptarse a esta forma de amor que nada tenía que ver con sus ideales de cariño y ni mucho menos con lo que ella siempre había sentido por él.
Cuanto menos la quería, más intentaba ella desesperadamente en comprender, prevenir y contrastar su alejamiento. Trabajaba, limpiaba, cocinaba. Realizaba todas las rutinas familiares con un sentido de vacío, porque no importaba lo que hiciese y cómo lo hiciese, ótra fuera de la puerta de casa iba a disfrutar del cariño y de las atenciones de él e iba a recibir el encomio que a ella se le negaba.
Mientras ella perseveraba en darse a sí misma en nombre de su amor por Carlo, él siempre encontraba motivos para vejarla y castigarla.

********

Los recuerdos se disuelven como vapor que resbala sobre un espejo. Tantas escenas, rostros, palabras y eventos han dejado el alma traspasada por grandes y pequeñas señas, cada una con su marca indeleble de dolor. Hasta la alegría de la maternidad quedó ofuscada por el amor que Carlo sistemáticamente traicionaba y pisoteaba.

Ahora con sus hijos ya mayores encauzados en sus vidas, Carlo vagando por los pasillos de su pasado, alejado de ella y distante como el mar que la rodeaba, Eneida se encontraba en un tibio regazo en el cual pensaba rehacer su hogar.

5 comentarios:

  1. Anónimo6/3/10 20:40

    Never too late per incontrare un uomo gentile,affettuoso,comprensivo, premuroso, leale ed onesto. L'amore, il vero, non ferisce, non tradisce,ti fà serena e felice e ti dà allegria anche nelle cose più piccole della vita quotidiana : esperienza mia dopo anni d'inferno !

    ResponderEliminar
  2. Anónimo9/3/10 13:25

    Grazie per il commento incoraggiante. Chi sei?

    ResponderEliminar
  3. Sono la solita Elisabeth che ha già commentato i tuoi bei racconti. Io, vivo a Aix en Provence e lavoro come consulente nelle relazioni internazionali. Sono appassionata di geopolitica ma anche di storia e di arte

    Ti invio la mia mail : elisa.lashermes@gmail.com
    il mio sito : www.impexconsulting.webs.com

    ResponderEliminar
  4. Sono Elisabeth Lashermes
    Email : elisa.lashermes@gmail.com
    Sito : www.impexconsulting.webs.com

    ResponderEliminar
  5. j'espère que tu as pu récupérer mes coordonnées sinon je suis sur facebook et linkeldn Elisabeth lashermes

    ResponderEliminar