martes, 29 de noviembre de 2011

La Diosa del Nilo

Mis padres solían hacer viajes a lejanos países. Todos los años emprendían largas vacaciones para dirigirse a algún lugar nuevo al que seguramente ya no volverían, pero del que guardarían viva memoria para el resto de sus vidas. Para asegurarse de ello mi padre, armado de cámara de cine, se dedicaba a perpetuar en celuloide la exótica aventura en la que mi madre aparecía sorprendentemente acicalada con los vestidos y peinados locales, comiendo frutos desconocidos o caminando por senderos ceñidos de maleza. Ella sonreía siempre, asumiendo su papel de diva para el que parecía haber nacido. En cada escena presentaba un atuendo, una alhaja rescatada de algún bullicioso bazar, un chal de organza en la cabeza, una falda larga de muselina que revoloteaba sobre sus delgadas y bronceadas piernas.

La visión de estos reportajes me parecía aún más anacrónica e incongruente al recordar a mi madre trabajando todo el año con su bata negra en nuestra peluquería. Allí, una vez de regreso y de nuevo con su bata, contaba alardeando a las clientas las peripecias, las envidiables adquisiciones, las maravillas encontradas en Siam, en Ceylán, en Egipto, mientras mi padre, en el cuarto trasero de la peluquería que había habilitado como pequeña sala de montaje, pasaba apasionantes horas grabando y montando las películas.

Fue precisamente tras su viaje a Egipto en 1972, cuando mi padre, el cual ya se había convertido en un prometente cine amateur, me pidió que le ayudara en la redacción del comentario que iba a añadir a su último documental sobre el crucero en el Nilo. A tal propósito, había comprado en una librería de viejo del barrio, un pequeño tomo en inglés, publicado en los años treinta, “The Goddess of the Nile”, La diosa del Nilo. La obra parecía más bien una novela, en cuya primera página destacaba la foto en blanco y negro de una joven mujer, adornada como Cleopatra, luciendo un largo collar de perlas grises sobre el escote insondable de un vestido de satén estilo charleston.

Yo andaba por los quince o dieciseis años y mi conocimiento del inglés, si bien entonces académico, era ya mejor que el de mis padres. Mi padre, el cual reconocía, a diferencia de mi madre sus carencias intelectuales, me pidió que leyera y le resumiera el libro para poder aportar detalles que diesen un mayor espesor cultural al reportaje, más allá de los aspavientos y de las poses afectadas de mi madre.

Cuando inicié la lectura, en seguida me di cuenta de que no se trataba de un libro histórico ni mucho menos de un relato ambientado en las cálidas corrientes del Nilo. Era un libro pornográfico donde se describían los prodigios sexuales de personajes de la alta sociedad en una mansión en Malibú, a finales de los años veinte. Tras un breve e incómodo momento, decidí continuar con la lectura y no contarle a mi padre mi descubrimiento, pues esto habría puesto en evidencia su embarazosa adquisición así como su extraordinaria ignorancia.

Cada vez que me preguntaba cómo proseguía la lectura yo le explicaba, no sin algún rubor, que estaba estudiando el libro y sacando notas sobre la historia y la geografía de tan famosa y rica región. Cuando completé la “tarea”, mi padre me regaló el volúmen, ˗ que luego compartí con mis amigas adolescentes y curiosas˗, y jamás confesé a mi familia la verdadera naturaleza del regalo en cuestión.

En la antigua grabación, se vislumbra a mi madre, con una túnica blanca de estupendo algodón egipcio, ceñida a la cintura, los ojos muy pintados con kajal negro, lánguidamente apoyada al tajamar de la embarcación que habría de pasearla por el plácido río. Al fondo, la voz de mi padre recitando: “Oh Rey, te doy a tu hermana Isis para que pueda cogerte y dotar de corazón tu cuerpo…”

2 comentarios:

  1. Illy c'è sempre; qualche guaio anche di questa maledetta tecnologia che dopo un pò che non la usi ti annulla la e-mail, presto Te ne invierò una nuova.
    besos, besos

    ResponderEliminar
  2. Contenta di ritrovarti ! Come stai? Bien je l'espère. Je te souhaite de bonnes fêtes de Noël. Elisa

    ResponderEliminar