lunes, 30 de noviembre de 2009

Diana

Diana se manifiesta al mundo a través de su desbordante obesidad. Cuando no lanza palabras o proposiciones obscenas a su interlocutor, sea éste hombre o mujer, siempre está comiendo algo, con gusto y avidez, envuelta en un placer sensual.
Sus maneras son bastante agresivas hacia sus compañeros y a menudo hay que recordarle que deje en paz a Piero el tartaja o a Carlo el poeta, pues éstos se alteran y se cortan mucho con sus modales tan explícitos. Una vez Caterina, que dirige el taller de tapicería donde Diana pasa la mayor parte del tiempo planchando y deshilvanando, tuvo que regañarla porque había escrito bajo los carteles de los baños para señoras y caballeros, coño y polla. Entonces Diana se puso a llorar como una niña desconsolada, sacudiendo las carnes y sosteniendo que era la verdad y que era mucho más sencillo diferenciar así los baños y no con tanto coche de formula uno y tanto ramo de flores. Entonces Luca se indignó porque los carteles los había hecho él con la ayuda de la profesora de informática y había elegido él las imágenes. Tuvo que hacer otros, imprimirlos y al poco tiempo la cuestión quedó completamente olvidada.
Hubo un tiempo en que Carlo el poeta le dedicó algunos versos que ahora cuelgan de la pared del laboratorio de informática junto con los dibujos que él también le hizo. Representan las masas informes y sensuales del cuerpo de Diana sostenidas sobre el papel en improbable equilibrio de sombras y colores. Carlo ha puesto a la venta sea los dibujos que las poesías y esto ha ofendido a Diana en gran manera. Ahora lo provoca ofreciéndole besos en la boca que a veces le da, pero sin lengua.
En algunas ocasiones Diana está tan agitada que no se contiene ni en sus pesadas carnes. Levanta la voz y se enfada con todos, dice que gordo es guapo y que los demás no entienden nada, que ella se casará con un príncipe que un día vendrá a por ella y la sacará de esa cárcel. Entonces Caterina se la lleva a la terraza, la de los geráneos donde suelen salir las operadoras a fumar, y le habla bajo el tímido sol inviernal, devolviéndole la sonrisa y las ganas de bromear. Cuando regresan al taller, Diana envuelve en un abrazo potente y cálido a Caterina y le ofreze parte de su abundante almuerzo.
Diana es una niña en el cuerpo de un elefante. A pesar de esto, sus manos son ágiles y firmes y nadie como ella sabe planchar los bordillos de las alfombras y los retales para coser.
Representa un elemento importante en el taller de tapicería, pues es activa y solícita, y dejándose llevar por las pautas y contenciones de Caterina, siempre cumple con su tarea en la organización general.

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